Más allá de las cicatrices: La relación con la imagen después del cáncer
- Beatriz Agüera Navarro
- 19 oct
- 4 Min. de lectura
El cáncer de mama no solo impacta en la salud física: también transforma la manera en que muchas mujeres se relacionan con su propio cuerpo. Las cicatrices, los cambios en la forma del pecho, la caída del cabello o el aumento de peso durante los tratamientos pueden convertirse en recordatorios visibles de la enfermedad, afectando la autoestima y la percepción de la propia identidad.
Hablar de imagen corporal en este contexto es hablar de emociones, de duelos y de reconstrucciones. No se trata únicamente de “aceptar” un nuevo cuerpo, sino de aprender a mirarlo con compasión, reconocer su fortaleza y resignificar la belleza más allá de los estándares sociales.
En este artículo exploraremos cómo el cáncer de mama puede influir en la relación con el cuerpo, qué desafíos emocionales suelen aparecer y qué recursos psicológicos pueden ayudar a transitar este proceso con mayor cuidado y acompañamiento.

Imagen corporal y cáncer de mama: reconstruir la relación con el propio cuerpo
La imagen corporal no es solo cómo nos vemos, sino cómo sentimos nuestro cuerpo. Es una representación subjetiva que integra la percepción física, la valoración personal y los ideales sociales de belleza y salud. A través de ella construimos identidad, autoestima, sexualidad y bienestar emocional.
Cuando el cuerpo cambia —por una enfermedad, un tratamiento o una cirugía— también se mueve nuestra manera de estar en el mundo. Por eso, el cáncer de mama no solo impacta en el cuerpo físico, sino también en la vivencia emocional, relacional y simbólica del cuerpo femenino.
Los cambios del cuerpo y su significado
Los tratamientos médicos (mastectomía, cicatrices, linfedema, pérdida de cabello, aumento o pérdida de peso) pueden generar una profunda insatisfacción corporal. Pero el malestar no depende únicamente del cambio físico, sino del significado que cada mujer atribuye a ese cambio: la pérdida de una mama puede sentirse como una fractura de identidad, un “rompecabezas incompleto” o una herida en la feminidad.
En muchas mujeres jóvenes, el impacto es aún mayor. Las expectativas sociales, el rol de pareja o de madre, y la idealización de la apariencia física pueden convertir la imagen corporal en una fuente de sufrimiento. Estudios señalan que las mujeres con menores ingresos, menor nivel educativo o sin pareja estable tienden a experimentar una peor percepción de su cuerpo tras el tratamiento. Y uno de los cambios más duros emocionalmente suele ser la caída del cabello, por su visibilidad y carga simbólica.
Cuando el cuerpo se convierte en sinónimo de valor personal, los cambios físicos pueden vivirse como una pérdida de identidad, una desconexión interna o una sensación de “ya no ser la misma”.
Cuerpo, deseo y sexualidad
El cáncer de mama toca directamente una zona del cuerpo cargada de erotismo y simbolismo. La sexualidad se ve afectada no solo por los tratamientos o el cansancio, sino por la relación emocional con la nueva imagen corporal.
El deseo y el disfrute sexual no dependen del tipo de cirugía, sino de la percepción de atractivo y del vínculo con el propio cuerpo. Muchas mujeres refieren miedo al rechazo, evitación de la desnudez o dificultad para conectar con la sensualidad. También es frecuente que la sexualidad pase a un segundo plano, priorizando la supervivencia sobre el placer.
El estigma asociado al cáncer puede prolongarse incluso después de finalizar los tratamientos. Algunas mujeres sienten que su cuerpo ha perdido su capacidad de seducción, mientras que otras descubren nuevas formas de intimidad y conexión emocional.
La pareja como sostén o como espejo
El cáncer puede actuar como un amplificador de la dinámica de pareja. En relaciones sólidas, la enfermedad puede fortalecer la conexión y generar nuevas formas de acompañamiento y ternura. En cambio, en vínculos donde ya existían dificultades, puede aparecer más distancia o conflicto.
La satisfacción con la pareja tiene un impacto directo en la autoaceptación y en la imagen corporal. Cuando la mujer percibe apoyo, comprensión y deseo genuino, suele mostrarse más abierta al contacto y a la reconstrucción de su vida íntima. Por el contrario, una pareja que evita, critica o no valida, puede agravar la herida emocional.
Reconstrucción y redescubrimiento
La reconstrucción mamaria no solo busca reparar una forma física, sino devolver un sentido de normalidad, feminidad y continuidad. Muchas mujeres refieren que la cirugía reconstructiva mejora la autoestima y la funcionalidad sexual, al ayudarles a reconocerse en el espejo. Sin embargo, no es la única vía. Otras mujeres eligen no reconstruirse y encuentran formas de reconciliación simbólica con su cuerpo desde la aceptación y el autocuidado.
Lo importante no es la forma del cuerpo, sino cómo la mujer vuelve a habitarlo. Recuperar la confianza, el placer y la identidad corporal es un proceso terapéutico que requiere tiempo, acompañamiento y un espacio libre de juicios.
Acompañar el cuerpo que cambia
En terapia, trabajamos para que cada mujer pueda reconectarse con su cuerpo como un lugar seguro, no como un campo de batalla.Algunas estrategias útiles incluyen:
Escucha corporal: reconocer sensaciones sin juzgarlas.
Visualizaciones de integración: imaginar el cuerpo como un territorio que vuelve a abrirse al cuidado y al placer.
Trabajo con partes protectoras: dar voz a la parte que teme ser rechazada, y a la parte que anhela mostrarse tal cual es.
Rituales simbólicos: escribir una carta al cuerpo, agradecerle por sostener la vida y despedirse de la etapa del tratamiento.
La imagen corporal no se “recupera”, se reconstruye desde la compasión. Y aunque el cáncer deje cicatrices, también puede abrir una oportunidad para reconciliarse con el cuerpo, con la vida y con la mirada hacia una misma.
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